Era una tarde de otoño en Madrid, con ese cielo gris plomizo que parece pesar sobre los hombros. Yo estaba sentado en el sofá de mi casa, con una taza de té ya fría entre las manos, sintiendo que el mundo se me venía encima. Había probado de todo: terapia psicológica, medicación, meditación guiada, ejercicio físico...

Pero había un vacío en el pecho que ningún especialista, por más títulos que tuviera colgados en su consulta, había logrado llenar. Fue entonces cuando una amiga, con esa mezcla de timidez y valentía que tienen las personas que han encontrado algo que realmente les funciona, me habló del Reiki. Recuerdo que su primera frase fue: "No tengas miedo, no es una secta, ni te voy a pedir que creas en nada que no quieras".
Y, sin embargo, lo primero que sentí fue miedo. No miedo a lo desconocido, sino miedo a lo que los demás pensarían. En mi cabeza retumbaban todas esas voces que había escuchado en conversaciones de café, en foros de internet, incluso en algún programa de televisión: "Eso es de brujas", "Solo funciona si eres un iluminado", "Cuidado que te puedes volver loco".
En aquel momento, sin saberlo, ya estaba siendo víctima de los mitos que, años después, me dedicaría a desmontar con la misma pasión con la que ahora escribo estas líneas.
Aquella primera sesión no fue un evento sobrenatural. No vi luces de colores, ni sentí una mano divina reposar sobre mi frente. Lo que sentí fue más sutil y, a la vez, más profundo: una sensación de calor en el pecho que no provenía del cuerpo de la terapeuta, sino de algún lugar dentro de mí; una calma que no se explicaba con la lógica, pero que se sentía tan real como el frío de la taza de té que había abandonado sobre la mesa.
Fue entonces cuando comprendí que el Reiki no trataba de creencias, sino de percepción. Y que todos los miedos que había albergado no eran más que una pared construida con mitos que necesitaba derribar.
Mito 1: "El Reiki es una religión"
El primer gran muro que nos encontramos quienes nos acercamos al Reiki es el de la espiritualidad malinterpretada. Es común escuchar frases como: "Si practicas Reiki, estás adorando a un dios oriental" o "Eso va en contra de mis creencias religiosas". Este malentendido no solo es comprensible, sino que es uno de los más extendidos y, permítanme decirlo con toda la claridad del mundo, el más alejado de la realidad.
¿Qué es realmente la energía universal?
Para entender por qué el Reiki no es una religión, debemos despojarlo de todo el ropaje místico que la cultura popular le ha adjudicado. La palabra Reiki proviene del japonés y se compone de dos kanjis: Rei, que se traduce como "universal" o "espiritual", y Ki, que significa "energía vital".
Si nos fijamos bien, la palabra "espiritual" aquí no tiene connotaciones divinas en el sentido teísta; se refiere a aquello que es inherente a todo el cosmos, a la fuerza que mantiene unidos los átomos y que hace que la sangre fluya por nuestras venas.
En esencia, el Reiki es una técnica de canalización de energía que utiliza la imposición de manos para equilibrar los flujos energéticos del cuerpo. No hay dioses involucrados, no hay rezos a una deidad específica, ni hay dogmas que seguir.
Es más parecido a la acupuntura (sin agujas) o al masaje terapéutico (sin manipulación muscular) que a un acto litúrgico. La energía que se canaliza es la misma que hace que una semilla se convierta en árbol o que nuestro corazón lata sin que tengamos que pensar en ello. No es una energía "buena" o "mala"; simplemente es.
Mi experiencia en un hospital
Esta confusión entre Reiki y religión se disipó por completo para mí el día que entré a un hospital público de Barcelona. Una amiga, que es enfermera en la unidad de cuidados paliativos, me pidió que acompañara a un paciente que sufría de dolores crónicos intensos y que no respondía bien a la medicación.
"No le digas que es Reiki, no vaya a ser que se asuste", me pidió. "Dile que es una técnica de relajación para aliviar el dolor". Así lo hice. El paciente, un hombre de unos sesenta años, ateo confeso y con una mirada lúcida, aceptó sin reservas.
Durante veinte minutos, coloqué mis manos sobre su abdomen, sin ejercer presión, simplemente escuchando con mis palmas lo que su cuerpo tenía que decir. Al terminar, el hombre abrió los ojos y, con una sonrisa que no le había visto en toda la visita, me dijo: "No sé qué has hecho, pero el dolor ha bajado de un 8 a un 3. No me digas que es magia, porque yo no creo en esas cosas".
Y no, no era magia. Era la energía vital fluyendo donde había un bloqueo. Aquel hospital, con sus pasillos blancos y su olor a antiséptico, era el lugar menos religioso del mundo, y sin embargo, el Reiki había funcionado. La prueba de que no se trata de fe, sino de frecuencia y presencia.
Mito 2: "Necesitas un don especial para practicarlo"
Este es, quizás, el mito más excluyente y, a la vez, el que más daño hace a quienes desean aprender. La idea de que el Reiki es un talento reservado para unos pocos elegidos, para personas con un "don" que nace con ellos, ha mantenido a esta técnica en un limbo de inaccesibilidad que no le corresponde.
El don del que todos hablamos
He conocido a decenas de maestros de Reiki, y todos ellos coinciden en un punto: el Reiki no es un don, es una habilidad. Y como cualquier habilidad, se aprende, se practica y se perfecciona. El famoso "don" al que muchos se refieren no es más que el resultado de un trabajo constante y de una sensibilidad que todos los seres humanos poseemos en mayor o menor medida.
Todos tenemos la capacidad de sentir empatía, de percibir el estado de ánimo de otra persona; pues el Reiki no es más que la extensión de esa empatía al plano físico y energético.
Si acaso, el "don" del que hablamos es el de la escucha activa, pero no con los oídos, sino con las manos. ¿Y quién no puede aprender a escuchar con el corazón? La primera vez que recibí mi iniciación al Reiki, recuerdo que el maestro nos dijo: "Vosotros no vais a curar a nadie, ni vais a hacer nada que no esté ya en la naturaleza del cuerpo.
Solo vais a ser un canal, una tubería por la que el agua fluye. Y una tubería no necesita un don, solo necesita estar limpia y abierta". Esa frase me liberó de la presión de ser "especial" y me permitió ser simplemente humano.
Cómo un contador aburrido se convirtió en el mejor sanador que conocí
Para enterrar definitivamente este mito, quiero contarles la historia de Javier. Javier era contador público, de esos que pasan ocho horas al día frente a una hoja de cálculo, con la mirada fija en los números y el alma en un limbo de tedio.
Llegó a un taller de Reiki porque su esposa le había regalado el curso como un "capricho", pero él mismo confesaba que no creía en esas tonterías. "Yo soy de ciencias, de números, de cosas tangibles", repetía una y otra vez durante el primer nivel.
Durante las prácticas, Javier era torpe, inseguro. Sus manos temblaban y no lograba mantener la concentración. Pero algo pasó en el segundo nivel. Javier dejó de "intentar" hacer Reiki y simplemente lo hizo. Se olvidó de su mente lógica y empezó a confiar en lo que sentía.
A los seis meses, Javier atendía a más personas que cualquier otro practicante del grupo. Su técnica no era la más depurada, pero su presencia era tan poderosa que la gente salía de sus sesiones con una paz que no lograban encontrar en otros lugares.
Javier no tenía ningún don especial. Era un contador aburrido que un día decidió confiar en el proceso. Si él pudo, cualquiera puede. El Reiki es un arte que se perfecciona con la práctica, no un privilegio que se otorga al nacer.
Mito 3: "El Reiki es peligroso o puede ser dañino"
El miedo, ese viejo conocido que nos paraliza, suele ser el peor consejero. La idea de que el Reiki es peligroso proviene, en gran medida, del desconocimiento y de la confusión con otras prácticas esotéricas que no tienen un fundamento claro. He escuchado a más de una persona decir: "No me hagas Reiki, que luego me duele todo" o "He oído que puede despertar cosas malas que están dormidas".
La crisis de sanación: ¿síntoma o peligro?
Es cierto que, en ocasiones, después de una sesión de Reiki, algunas personas pueden experimentar un malestar temporal. Esto no es un peligro, ni un efecto secundario dañino, sino que se conoce en el ámbito terapéutico como una "crisis de sanación". Para explicarlo de forma sencilla, imaginemos que nuestro cuerpo es un río que ha estado represado durante años por tristeza, estrés o malos hábitos.
Cuando el Reiki actúa, lo que hace es romper esa represa y permitir que el agua vuelva a fluir. En ese proceso, el agua arrastra lodo, hojas muertas y sedimentos que han estado estancados. Esos sedimentos, al ser movilizados, pueden causar una turbidez momentánea: un dolor de cabeza, un poco de fatiga o una ligera irritabilidad.
Lejos de ser peligroso, este es un síntoma de que el cuerpo está trabajando, de que la energía está haciendo su labor de limpieza. Es como cuando hacemos ejercicio después de mucho tiempo y al día siguiente tenemos agujetas. ¿Son las agujetas peligrosas? No, son la señal de que los músculos se están fortaleciendo. Del mismo modo, las molestias post-sesión son la señal de que nuestro sistema energético se está reequilibrando.
¿Puede el Reiki empeorar una enfermedad?
La respuesta categórica es no. El Reiki no es un agente patógeno, ni un virus, ni una sustancia química. Es una frecuencia energética que actúa sobre el campo electromagnético del cuerpo. Para que algo sea dañino, debe tener una vibración discordante con la vida, debe ser una energía que destruya o desorganice. El Reiki, por el contrario, es una energía de organización y equilibrio. Lo que hace es dar al cuerpo la información que necesita para volver a su estado natural de salud.
Si una persona tiene cáncer y recibe Reiki, no va a empeorar el cáncer. Al contrario, el Reiki puede ayudar a reducir el estrés y la ansiedad asociados al tratamiento, mejorando así la calidad de vida.
He tenido la oportunidad de acompañar a pacientes oncológicos durante sus quimioterapias, y el Reiki no solo no les hizo daño, sino que les ayudó a sobrellevar los efectos secundarios con una fortaleza que no tenían antes.
Es importante entender que el Reiki no es un sustituto de la medicina, es un complemento que trabaja en armonía con ella. Si su médico le receta un tratamiento, siga el tratamiento. Pero permítase, a la vez, recibir el apoyo energético que el Reiki ofrece. Uno no excluye al otro; al contrario, se potencian mutuamente.
Mito 4: "El Reiki solo funciona si crees en él"
Este es uno de los mitos que más frustración genera, especialmente entre las personas de mente analítica que necesitan pruebas tangibles. La creencia popular dicta que el Reiki es un placebo, que si no pones "fe" en el proceso, no obtendrás ningún beneficio. Nada más lejos de la realidad.
Reiki en animales: la prueba más contundente
Si el Reiki dependiera de la creencia, los animales no podrían beneficiarse de él, porque no tienen la capacidad cognitiva para "creer" en algo tan abstracto. Sin embargo, los animales son, paradójicamente, los mejores receptores de Reiki. ¿Por qué? Porque su sistema nervioso no está contaminado por el ruido mental del escepticismo o la expectativa.
Recuerdo el caso de Lola, una perrita mestiza que había sido atropellada y que estaba en un estado de shock profundo. La veterinaria había hecho todo lo posible, pero Lola no reaccionaba, no quería comer, su mirada estaba perdida.
Decidí hacer una sesión de Reiki a distancia, ya que el animal no estaba en condiciones de recibir contacto físico. A los pocos minutos, Lola levantó la cabeza y empezó a mover la cola, algo que no había hecho en dos días. Al día siguiente, ya comía con normalidad.
Los animales no creen en el Reiki, simplemente lo sienten. Su energía no tiene barreras mentales, no hay un filtro que diga "esto no funciona". Su cuerpo recibe la vibración y responde a ella de manera instintiva. Si el Reiki funcionara solo con la fe, el caso de Lola no tendría explicación. Pero lo tiene: el Reiki actúa a nivel subatómico, en el plano de la energía pura, donde las creencias no tienen cabida porque la energía es anterior al pensamiento.
Cuando la mente duda, pero el cuerpo recibe
He tenido la oportunidad de dar Reiki a personas que llegaban con una actitud de "a ver qué pasa", con los brazos cruzados y una sonrisa irónica en la cara. Durante la sesión, sus cuerpos, traicionando a sus mentes, reaccionaban: el abdomen se relajaba, la respiración se volvía más profunda, el pulso se ralentizaba.
Al terminar, muchos de ellos, con honestidad, admitían: "No sé si esto ha sido real, pero me siento más tranquilo". Y esa tranquilidad, ese estado de paz, es tan real como el techo que nos cobija.
El Reiki no necesita que creas en él para funcionar, igual que el sol no necesita que creas en él para calentarte. No se trata de un contrato de fe, se trata de una ley natural. La energía se mueve, circula y equilibra, independientemente de que nuestra mente decida darle permiso o no. Nuestro escepticismo no es un escudo que pueda detener una corriente eléctrica; del mismo modo, nuestras dudas no detienen el flujo de la energía vital.
Mito 5: "El Reiki es magia o un poder sobrenatural"
El último gran mito, y quizás el más seductor, es aquel que nos presenta al Reiki como un poder sobrenatural, como un truco de magia que cura enfermedades en segundos y que convierte a los practicantes en seres iluminados con capacidades extraordinarias. Este mito, si bien puede atraer a algunas personas, es el que termina generando las expectativas más frustrantes.
La física cuántica y el Reiki: una alianza real
Para desmitificar esta idea, podemos recurrir a la física cuántica, una rama de la ciencia que ha empezado a explorar lo que las tradiciones orientales saben desde hace milenios: que todo está hecho de energía.
Los átomos que componen nuestro cuerpo están en constante vibración, y esa vibración emite una frecuencia electromagnética. El Reiki, en este sentido, es una frecuencia específica que, al ser introducida en el campo energético de una persona, busca la resonancia con las frecuencias saludables y la disonancia con las que no lo son.
No es sobrenatural, es física. Es el mismo principio que hace que un diapasón vibre si se le coloca cerca otro de la misma frecuencia. No hay magia en eso, hay un principio de armonía universal. El Reiki no es un poder que emana del practicante, es una frecuencia que el practicante canaliza. Esa frecuencia, esa vibración, tiene el poder de influir en la materia (nuestro cuerpo) porque, al fin y al cabo, la materia no es más que energía condensada.
El Reiki no hace milagros, pero transforma
Es crucial entender que el Reiki no es un "borrador mágico" que elimina los problemas de la vida. No hará que desaparezca una enfermedad terminal, aunque puede ayudar a sobrellevarla con mayor dignidad. No hará que una persona tóxica desaparezca de tu vida, pero te dará la fuerza para establecer límites saludables. No cambiará tu pasado, pero transformará la manera en que lo recuerdas.
El Reiki es una herramienta, no un fin. Es un vehículo, no el destino. Su propósito no es hacerte flotar o leer mentes, sino ayudarte a conectar con tu esencia y a vivir desde un lugar de mayor autenticidad. Cuando buscamos magia, buscamos soluciones externas; el Reiki, sin embargo, nos invita a mirar hacia dentro, a reconocer que el poder de sanación no viene de fuera, sino que reside en nuestro interior. El Reiki solo nos ayuda a recordarlo.
Conclusión: El Reiki como un viaje, no como un destino
Después de desmontar estos cinco mitos, me gustaría invitarlos a ver el Reiki no como una práctica misteriosa o reservada a unos pocos, sino como un viaje de autoconocimiento y conexión. Los mitos, al fin y al cabo, son historias que nos contamos a nosotros mismos para protegernos de lo desconocido. Pero a veces, lo desconocido no es un monstruo, sino una puerta que se abre a una versión más plena de nosotros mismos.
Recuerden que el miedo a lo que no entendemos nos limita. Limita nuestra capacidad de sentir, de sanar y de crecer. El Reiki, en su esencia más pura, es una invitación a soltar ese miedo, a confiar en que el cuerpo tiene una inteligencia propia y a permitir que la energía universal fluya libremente, no solo a través de nosotros, sino a través de nuestra vida entera.
Mi viaje personal con el Reiki me ha enseñado que la sanación no es un destino al que se llega, sino un camino que se recorre. Cada sesión, cada respiración, cada contacto de manos me recuerda que estamos hechos de la misma sustancia que las estrellas, y que esa sustancia tiene la capacidad de renovarse y reorganizarse constantemente.
No necesitamos ser especiales, ni creer en dogmas, ni temer a peligros inexistentes. Solo necesitamos estar presentes, abrir las puertas de nuestra percepción y permitir que la energía, esa vieja conocida que nos sostiene, haga su trabajo.
El Reiki no es la respuesta a todos los problemas, pero es una pregunta que vale la pena hacerse: ¿Qué pasaría si me permitiera sentir sin juzgar? ¿Qué pasaría si me abriera a la posibilidad de que el cuerpo, y el alma que lo habita, puedan encontrar su equilibrio natural?
No hace falta que tengan todas las respuestas. A veces, lo más valiente que podemos hacer es lanzarnos al vacío sin red, confiando en que el propio viento nos sostendrá. Eso, queridos lectores, es el verdadero espíritu del Reiki.
Preguntas relacionadas
¿Puedo recibir Reiki si estoy tomando medicación?
Por supuesto. El Reiki no interfiere con la medicación, sino que la complementa, ayudando al cuerpo a asimilar mejor los principios activos y reduciendo los efectos secundarios del estrés. Siempre consulte a su médico, pero sepa que el Reiki es un acompañante seguro.
¿Cuánto tiempo dura una sesión de Reiki?
Una sesión típica dura entre 45 y 60 minutos, aunque puede variar según las necesidades de cada persona. Lo importante es el espacio que se dedica a la escucha y a la relajación profunda.
¿Duele el Reiki?
No. Es una técnica no invasiva que consiste en la imposición suave de manos. En ningún caso debe sentir dolor. Si lo siente, el practicante debe ajustar la presión. Lo que puede sentir es calor, hormigueo o una profunda sensación de paz.
¿El Reiki sirve para niños?
Sí, y es una excelente herramienta para ellos, ya que ayuda a calmar la ansiedad, mejora el sueño y favorece la concentración. Las sesiones con niños suelen ser más cortas y se adaptan a su nivel de energía.
¿Cuál es la diferencia entre el Reiki y otros tipos de sanación energética?
El Reiki es una técnica estructurada con orígenes japoneses que utiliza un sistema de símbolos y sintonizaciones específicos. Otras prácticas como la sanación pránica o el toque cuántico tienen enfoques diferentes, pero todos comparten el principio de trabajar con la energía vital. El Reiki se distingue por su sencillez y su enfoque en la no intervención.

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